Para muchas familias, el asunto de la alimentación infantil se está convirtiendo en todo un dolor de cabeza. Por un lado, estamos expuestos a mucha información, tanta que tiende a confundirnos, y por otro, estamos viendo asuntos relacionados con la salud de nuestros hijos que se presentan como nuevas situaciones que no sabemos cómo manejar.

Algo sí es muy cierto, y  es que las cosas han cambiado radicalmente. Lo que el mercado nos está ofreciendo, no es lo mismo que nos ofrecían nuestros padres, pues gracias a la industrialización de los alimentos, la gran mayoría de productos que encontramos en las góndolas del supermercado, están llenos de conservantes y otros químicos que, si bien preservan el producto, es decir alargan su vida en el anaquel, estos están llenos de sustancias nocivas para nuestro organismo, y por ende para el de nuestros hijos.

La invitación es a volver a lo simple, valorar el alimento en su estado natural y procurar remplazar en la medida de lo posible los productos con conservantes por productos naturales como frutas, verduras, y preparaciones básicas, hechas en casa y en familia, con todo el amor que no se encuentra en ningún otro “paquetico”.

Involucrar a nuestros hijos en la preparación de los alimentos los lleva a descubrir, aprender, asombrarse, y apreciar el valor de la comida. Si bien es cierto que en ocasiones los padres no disponemos del tiempo suficiente para esta tarea, pero es importante abrir espacios, así sean pocos y cortos, donde los resultados son gratificantes para los padres pues es una actividad de calidad que compartimos con ellos, y para los hijos, pues el alimento puede ser una verdadera medicina.

No existen recetas, recomendaciones fijas, ni alimentos sagrados ni prohibidos, el asunto clave está en aprender a leer a nuestros hijos y su organismo, el cuerpo es sabio y se manifiesta, así que lo que para muchos es una deliciosa opción, para otros no sería lo más recomendado. El equilibrio y el balance es nuestro mejor aliado, no caer en extremos pues la solución no está ahí. De qué nos sirve prohibir a nuestros hijos algún tipo de alimento, cuando  más adelante ellos mismo estarán expuestos a esos productos y no estaremos siempre ahí para indicarles qué elegir. Mucho más sabio  es enseñar, demostrar y crear hábitos sanos que los acompañen para el resto de su vida.

Restaurante Natto